El impulso para escribir la primera novela

Por Juan Manuel Chávez*

 

A la pregunta infantil de qué fue primero, el huevo o la gallina, yo contrataco con la cuestión juvenil de qué sucedió al comienzo: la publicación del libro ¡Indignaos! (2011) de Stéphane Hessel o la ocupación de las plazas de España por muchachos de cualquier edad bajo el nombre colectivo de “Indignados”. Fue gente que se indignó por la especulación financiera y persiguió pacíficamente el sostenimiento del estado de bienestar.

Indignaos Hessel

El original de ¡Indignaos! se publicó en París durante 2010. Cuando salió la traducción al español, los ejemplares vendidos en Francia ya superaban el millón. Era un éxito, y lo fue también al otro lado de esa frontera. Además del valor de su contenido para una sociedad que estaba harta de la crisis económica, destaca lo razonable de su precio: en Valencia, donde entonces vivía, pagué cuatro euros con noventa; lo mismo que un almuerzo en la universidad. Por supuesto, el sabor del libro perduró mucho más. A los dos meses que se presentó la publicación en Madrid, las personas comenzaron a reunirse en espacios abiertos para dejar atrás la indiferencia y mostrar su desencanto.

Me complace intuir que un libro, en vez de acopiar y sintetizar en palabras el sentir de la gente, impulsó el movimiento de la ciudadanía. Que la acción nació del verbo. ¿No es equivalente a lo que desea la mayoría de novelistas con su primera publicación: trasformar su sociedad, remover los cimientos de su tradición literaria o, cuanto menos, vencer la resistencia de algunos lectores para conseguir puñados de adoración? Alcanzar prestigio con la historia inaugural o alguna de las siguientes.

Pues mal. No hace falta dejarse ganar por este anhelo.

La decisión de buscar el prestigio como un fin de la escritura es paralizante. Una opción que puede ser absurda, puede ser frívola, puede ser megalómana. Y está bien que un escritor sea, a ratos, absurdo; a ratos, frívolo; a ratos, megalómano; sin embargo, lo que no debe hacer es boicotearse. Un escritor, desde el principio, se respeta.

Aquel novelista que escribe para el prestigio, sea lo que sea el prestigio, es un autor que se pone al servicio de intereses externos que están por debajo de sus íntimos intereses por contar una historia, es alguien que extravió la intencionalidad que motivó sus inicios. Y reencontrar la potencia originaria tarda, y agobia. La escritura es el autoencargo introspectivo de liberar una necesidad personal y entregarla a otros como quien sacrifica lo preciado, un acto de generosidad dialogante que linda con lo temerario; que ahí esté, incluso, la rabia y la desazón, una urgencia por decir. No límites tu fuerza al perímetro del cálculo acomodaticio y el agrado de la audiencia.

Ya sea el huevo o la gallina de la pregunta de siempre, el libro de Stéphane Hessel  ayudó a movilizar una media de cinco millones de indignados en España. Ese movilizar es un efecto multiplicador, no el objetivo concreto de una publicación que nació en otro país y otra lengua. Con cifras así, place imaginar lo maravilloso que sería impactar a tantos con la primera novela y trasformar, por lo menos, a una comunidad. A contracorriente, pienso que es mayor la maravilla con algo más sencillo: movilizar a una sola persona; que sacuda genuina y furiosamente, que estremezca perdurable e incómodamente a un único valiente. Que no te deje indiferente a ti; lo demás son proyecciones jactanciosas a las cuales te esclavizas. Ese es el escritor que puedes intentar ser para tu historia inaugural, alguien que está emancipado de responsabilidades colectivas y ensoñaciones de trascendencia.

 

* Primera mención del Premio Nacional de Novela Federico Villarreal, Premio Copé de Plata en Cuento, ganador de la Bienal de Cuento para Niños del ICPNA (Perú) y del Premio de Ensayo de Radio UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), selección final del premio “El Cuento de las 1000 Palabras” de Caretas, entre otros. En novela, es autor de La derrota de PallardelleEl barco de San Martín y Ahí va el señor G, cuya nueva edición se ha lazando en Argentina. Conduce la secuencia sobre libros “La dieta del lector” en Radio Filarmonía y tiene una columna en la revista SoHo.

 

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