Carver para editores

Escribe Ricardo Meinhold

 

Cuando Raymond Carver estaba en su lecho de muerte, sabía que sería recordado como su querido Chéjov. Ambos se fueron en su mejor momento como escritores. Les faltó tiempo. Su prematura muerte en 1988 nos privó de uno de los mejores cuentistas del siglo XX, cuya prosa llana, desprovista de adornos, pulida al mínimo necesario, cambió la forma de escribir literatura. Todos los ingredientes para crear a un clásico y Carver lo es. Pero diez años después se publicó Principiantes, que es la versión sin editar de uno de sus libros más famosos: De qué hablamos cuando hablamos de amor, de 1981. Un artículo en la revista New York Times alegaba que Gordon Lish había editado considerablemente el texto al punto de cambiarlo. Desde entonces se inició una polémica que aún no ha cesado.

Conversamos con Daniel Soria, profesor del taller Editando a Carver* en la Escuela de Edición de Lima, acerca de la influencia del editor sobre un texto creativo y los límites que deben o no existir en este oficio; después de todo, editar es el artificio de construir lo que el autor dejó inconcluso.

* * *

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Raymond Carver en su biblioteca.

¿Por qué el taller Editando a Carver?

Por un asunto de ética editorial. A lo largo de los últimos años, antes de que saliera Principiantes —los textos sin editar de Carver—, las secciones culturales de los periódicos decían que sus relatos habían sido reducidos en un 40%, que les cambiaron los finales, entonces ¿quién es Raymond Carver?, ¿es él o lo creó su editor? Es una pregunta provocadora y estimulante. Y como todo en la vida, es algo que te da vueltas en la cabeza hasta que encuentra su lugar.

Conocedor de esa polémica, que se reeditaba en las secciones culturales de Lima, encuentro el libro Principiantes. Yo tenía De qué hablamos cuando hablamos de amor, que son los textos editados. Y bueno —estas hermosas cosas que hace el azar—, hubo una mudanza fallida. Mis libros estaban temporalmente en el largo corredor de mi casa, y entonces iban dando vueltas, se movían, me hacían guiños, me mandaban una señal y, del modo en que surge la creatividad, dije: ¡Allí hay un taller!

¿Carver fue un gran escritor?

Indudablemente. Pero es una cuestión de ética. Acá algunos escritores creen que no necesitan ser editados. Incluso hay quienes creen que no necesitan ser corregidos. Ambas cosas son falsas, pero la primera es la más difícil de aceptar. Todos necesitan edición. Y aquí viene el asunto de la ética. Compras un libro que se llama Vida de Keith Richards. En la portada sale una hermosa foto del guitarrista de los Rolling Stones. Abres y lees: «Con la colaboración de…». Ya sabes que ese hombre lo escribió, que lo entrevistó durante largas horas y luego creó una voz. Lo bonito es que llegas al primer párrafo y Keith Richards te está hablando. Nadie se pregunta quién ha creado artificialmente su voz. Todos nos creemos el truco, porque según mi modo de entender la literatura, todo es literatura en la vida.

Nos hemos quedado con una idea romántica del escritor. Entonces, introducir una figura como la del editor que corta, modifica, cambia y reescribe, resulta inconcebible para esta idea que obedece a la inspiración. Por ejemplo, a La tierra baldía, Ezra Pound le hizo numerosas recomendaciones, enmendaduras y transformaciones. Nadie le ha regateado a T. S. Eliot el mérito. En el pragmatismo anglosajón, el editor es alguien que interviene en el texto para definirlo.

¿Puedes contarnos sobre la polémica Lish?

Suena a contradicción que en el seno de la cultura anglosajona salga dicha polémica. Es una de las frases que quiero destacar en el taller: «De qué hablamos cuando hablamos de editar». La polémica surgió en el mundo anglosajón. Pero quizá para alguien se cruzó una frontera; eso ya no es editar, es intervenir.

¿Quiénes son los escritores? Son esos seres que adoramos porque ofrecieron su rico mundo interior y, de repente, sucede que no era tan interior, que alguien lo movió, lo cortó, lo modificó. Entonces, ¿qué nos llega? Es la idea del alma del escritor a través de su obra, pero resulta que si alguien cortó, modificó, cambió, entonces ya no te llegó su alma. Hablamos de expresión artística y del escritor como catalizador, como termómetro de su tiempo. Eso es lo que produce la polémica. Pero estamos hablando de una industria editorial donde los libros tienen que venderse… las portadas tienen que estar bien diseñadas, tienes que encolar bien el lomo porque si no se rompe y te lo devuelven. Es un producto especial.

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Gordon Lish en las afueras de las oficinas de Esquire. Nueva York 1970.

Eres escritor y también editor, entonces ¿crees que Gordon Lish hizo lo correcto?

Es lo que hago todo el tiempo. No sé si sea lo correcto. Sé que es un discurso de doble moral. En todo caso en relación con mi moral, no solo me parece bien, sino que es lo que hago permanentemente. Es mi credo como editor. La literatura es una realidad textual. Solo el texto importa.

A Lish lo llamaban Capitán Ficción en la revista Esquire. Él intervino en el inicio de muchos escritores. Puede ser esa la figura que Lish asumió. ¿Se puede hablar del editor-mentor?

Lish sin duda lo es. Él tiene una visión. Carver ha podido ser muchos escritores, pero resulta que el que ayudó a crear es el Carver que amamos.

¿Cuáles son los límites del editor actual?

No hay límites. El mercado lo ha determinado así. Es mal negocio devolverles a algunos personajes mediáticos sus libros porque sabes que no los van a arreglar.

¿Los autores que hacen buena literatura son producto de su editor?

No en todos los casos. No tiene que ser una imposibilidad lógica que haya un autor cuyo libro no necesite edición y esté listo para la imprenta. Supongo que ocurre más de lo que creemos. Editar solo aplica en los casos donde se considera que hay que trabajar el texto para llevarlo a un mejor nivel. Pero eso no quiere decir que todo lo que tengas en tus manos tiene que ser editado. Hay cosas que no necesitan edición. Antes no sucedía. ¿Quién editaba a Balzac?, lo hacía él mismo. La editorial considera que hay que editar cuando cree que es necesario, nada más.

¿Editor y escritor o escritor y editor?

Ambos.

¿En el mismo orden?

Sí, en el mismo. Creo que los escritores nos editamos todo el tiempo. El escritor de primeras versiones, como Bukowski o Rimbaud, ya no existe.

 

 

*El taller Editando a Carver se iniciará el día sábado 21 de enero de 2017. El horario será de 9:00 a.m. a 1:00 p.m. Para mayores informes puedes escribir a matriculas@escueladeedicion.com.pe.

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