Revolucionarios y autopublicados

Escribe: André del Águila

El libro impreso no ha muerto. Probablemente no lo vaya a hacer pronto. Pese a los apocalípticos pronósticos en su contra y a la llegada de su supuesto verdugo digital, ha quedado demostrado que este sigue siendo el formato preferido por los lectores, y más aún en el Perú, en donde el mercado del ebook no parece despegar con suficiente rapidez. En un estudio realizado por la PUCP en el 2015, se mostró cómo el 69.9 % de los encuestados manifestaba no tener conocimiento alguno sobre libros electrónicos. Entonces, ¿por qué hay cada vez más autores que prefieren publicar en plataformas digitales? ¿Qué ofrecen estas de diferente y atractivo en contraste con el formato físico?

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Si miramos la fotografía completa, nos daremos cuenta de que en realidad quien está afrontando una crisis es el mercado de productos escritos: los canales convencionales de distribución y los mecanismos arcaicos de promoción han abierto una problemática dentro de un rubro que necesita actualizarse. El reciente anuncio de la puesta en venta de Crisol, la cadena de librerías más grande del país, y los intentos desesperados de Estruendomudo por mantenerse a flote, deberían tomarse como una radiografía de la situación alarmante por la que está pasando el mundo editorial. En este sentido, muchos autores han optado por abrirse campo y apostar por el mundo digital.

Tuve la oportunidad de conversar con tres escritores peruanos que han publicado en este formato. Gonzalo Castro, autor de la novela musical Prohibido adelantar; Benjamín Edwards, coautor con José Luis Mejía del ensayo poético Nada en menos de 40, que pronto saldrá al mercado; y Erasmo Cachay, quien reside en Alemania y autor de la novela La casa Dreyfuss; compartieron sus experiencias y sus opiniones acerca del futuro de la industria editorial.

Worker gathers items for delivery at Amazon's distribution center in Phoenix

¿Cómo te decidiste por el formato digital?

Gonzalo Castro (GC): Mis primeras obras las presenté a concursos literarios donde parecía no entenderse mi propuesta. Cuando encontré la posibilidad de publicarlas en formato ebook, no dudé en convertirme en un autor independiente. Considero que en la actualidad existe un mayor público que encuentra distracción en sus dispositivos móviles; además, está la posibilidad de ser leído más allá del mercado local, en donde aún existen barreras de acceso.

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Benjamín Edwards (BE): Decidimos que era lo mejor para darle acceso a quien quisiera tener el libro.

Erasmo Cachay (EC): Fue una decisión hasta cierto punto lógica. Como autor nuevo, es difícil encontrar un espacio en el mundo editorial y, sobre todo, al no estar en un país de habla hispana, las posibilidades se reducen. Internet se ha convertido en la principal herramienta de difusión. El precio también fue un factor importante, el libro en formato digital es mucho más barato que el impreso.

 En temas de producción, ¿realizaste todo por tu cuenta (edición, corrección de estilo, diagramación, distribución, etc.) o tuviste el apoyo de una editorial? ¿Cuáles consideras que son los principales retos de una publicación digital  frente a una impresa?

GC: Una vez que ingresé al mercado de los libros autopublicados, comprendí que un autor no puede pretender hacer todo el trabajo; la diferencia de los títulos en donde sí hay un trabajo editorial es notoria. Personalmente tuve que recurrir a un editor y a un corrector de estilo.

»Creo que el reto de la publicación digital viene por otro lado, hay que marcar la diferencia con la publicación impresa o tradicional, en donde pareciera que los editores no suelen arriesgar por contenidos novedosos.

BE: Recurrimos a una editorial, ellos manejaron la producción y nosotros seguimos sus indicaciones.

EC: Fue una editorial la que tomó la labor de edición y distribución en los canales virtuales.

»En mi caso, al estar en otro país, el mayor reto fue la distancia y la comunicación. Muchos asuntos y temas se discutieron por teléfono, Skype o e-mail. Son medios excelentes pero que muchas veces requieren más tiempo y esfuerzo en el proceso de entendimiento mutuo. Sin embargo, no podría decir que fue un reto, sino más bien una ayuda considerando la distancia y el formato.

¿Cuáles crees que son las principales diferencias con respecto a las publicaciones impresas?

GC: La diferencia con una publicación convencional, y su gran ventaja, es la territorialidad. Antes, cuando comencé a publicar, deseaba que mis conocidos y amigos pudieran leerme, pero ahora me percato de que mis ventas no necesariamente se han dado en mi círculo social local, sino que la mayoría viene de otros países donde el formato de ebook sí es comercial.

BE: La flexibilidad del formato digital a veces juega en contra. Uno está acostumbrado a leer en papel de una forma, y en digital, al haber mayores posibilidades, hay que considerar más variables. Por ejemplo, en nuestro libro es necesario que los diálogos tengan un orden establecido y, dependiendo de la plataforma en la que se suba el texto, ese requisito se pierde porque el lector puede acomodar el tamaño de la fuente. Otro caso es el del diseño de la portada, los códigos gráficos también sufren ajustes por los dispositivos móviles.

EC: Básicamente, desde mi experiencia, el proceso es muy similar. Uno habla con el editor, con los diseñadores de la portada, recibe el primer borrador, entra a proceso de revisión… Creo que la diferencia está en los medios utilizados y quizás en la velocidad. Al no haber una impresión de por medio, una vez terminada la revisión final del texto no hay que esperar a la imprenta ni a la distribución, el libro ya se encuentra listo para ser colgado y leído.

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El formato y el mundo digital en su conjunto poseen sus propias reglas de juego. En tu experiencia, ¿esto influyó en el contenido de tu publicación?; es decir, ¿sientes que el contenido depende en alguna medida del formato en donde es publicado?

GC: Mi primer título se puede leer tanto en formato impreso como electrónico; sin embargo, una vez que ingresé al mundo del libro digital pude colocar hipervínculos en el texto con lo cual, el lector podría escuchar la canción que se mencionaba en el relato; esto, de una manera, ayuda a crear una atmósfera distinta. Por eso, en mi segundo título, Canciones para escapar, me animé a ir un poco más allá y tanteé la posibilidad de crear un libro musical, donde los diálogos sean letras de canciones y que, gracias a esta herramienta digital, con un solo clic el lector pudiera cantar, vivir y sentir la novela. Pienso que la interacción de la música con la literatura no se daría de la misma forma sin el formato electrónico.

BE: Quizás el mundo digital exige más concisión y brevedad. Creo que los libros cortos son más afines a este formato.

EC: Hay muchos autores que pretenden una distribución rápida y se animan por novelas cortas o relatos «manejables» que puedan entrar en concursos digitales o publicar sin una editorial de por medio. En mi caso no fue así; escribí la novela sin pensar en una distribución digital o «tradicional». Eso vino después. Para alguien que de verdad quiera contar una historia es el contenido lo que importa y no se debería pensar en el formato.

En una publicación impresa convencional uno puede ver sus libros en una librería, ofrecer una presentación para un lanzamiento o ver a alguna persona caminando con tu libro bajo el brazo. Cuando es digital, la experiencia es distinta. ¿Cuál es el seguimiento que le das a tu libro y cómo haces para llegar a tus lectores?

GC: Antes de descubrir el mundo de la autopublicación, pensaba que sería un honor que mi libro (versión pirata) se vendiera en las calles de Lima. Pero ahora en los buscadores también encuentro una decena de sitios donde aparecen mis títulos. Las redes sociales nos otorgan la posibilidad de interactuar con nuestros lectores y también con otros autores autopublicados; hay la posibilidad de formar una comunidad. Un día me sorprendió que la página de Amazon, donde se distribuyen mis títulos, me indicara que quienes habían comprado la última novela de Vargas Llosa también habían adquirido mi libro, esto gracias a un algoritmo que permite reconocer el patrón de compra de los usuarios y, de esta manera, otros clientes similares puedan descubrir a otros autores autopublicados o tradicionales.

BE: Reviso cada cierto tiempo las tiendas. Al ser publicista y marketero, no me hago problemas. Por ejemplo para lanzar El vendepatria, con el autor, Robby Ralston, inventamos un candidato político y lo hicimos vivir en el mundo digital.

EC: Ver a una persona con tu libro bajo el brazo, leyéndolo en el parque, tenerlo de manera física es algo especial y creo que llena de satisfacción a cualquier escritor pero, al fin y al cabo, uno quiere ser leído. La palabra clave es adaptación. Hay que adaptarse a los tiempos modernos y aceptar que el libro puede ser bajado por internet, leído en Kindle o en otro formato donde uno no tiene una visibilidad constante. Pero será leído después de todo y eso importa.

»Por cierto, depende mucho de cómo uno publica el libro, por ejemplo en mi caso aunque fue en formato digital dado que lo hice con una editorial, esta sí organizó una presentación formal (hay que tener en cuenta que el formato a pedido también debe ser posible).

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Desde hace años se habla del reemplazo del papel por la pantalla, lo cierto es que esto no ha ocurrido aún. Las personas siguen prefiriendo el libro impreso. ¿A qué crees que se deba esto? ¿Consideras que cambiará el panorama eventualmente?

GC: La lectura en papel es una especie de romance con el pasado, como dicen «todo pasado siempre fue mejor». Considero que la escritura está dando un paso adelante gracias a la autopublicación. Los múltiples rechazos por el mercado editorial tradicional han provocado lo que algunos llaman la democratización de contenidos. Sin embargo, considero que como autor aún es importante contar con ayuda profesional para la publicación y distribución de un contenido digital. No podemos desaprovechar la oportunidad de generar un gran título con un texto corregido únicamente con el corrector ortográfico de Word. Los autopublicados no podemos pecar de rebeldes y autosuficientes, sino en un futuro cercano podríamos ser parte del universo de autores anónimos donde el libro electrónico ya es parte del pasado. Los tiempos cambian, hoy Bob Dylan es premio Nobel en literatura, quizá pronto un autor autopublicado sea premio Nobel también.

BE: El libro impreso es un artefacto que utiliza espacio y eso es algo invaluable. Quizás lo digital tendrá una cierta utilidad y el impreso otra: serán soportes complementarios.

EC: Cuando apareció el email se pronosticó que pronto nadie imprimiría más en las oficinas. Pasó todo lo contrario. Cuando salió el VHS, luego el DVD y el Blu-ray, muchos dijeron que ya nadie iría al cine, y eso no pasó tampoco. Muchos dicen ahora que con el el ebook terminó la época de los libros físicos. Eso no pasará.

»Ambos formatos irán de la mano, el ser humano no solo busca disfrutar de las cosas, sino de compartirlas. Si bien uno puede ver una película en casa, quiere compartir un buen momento yendo al cine. Lo mismo pasa con el libro.

»No hay que cerrarse, el formato digital, sobre todo por mi experiencia en Europa, está avanzando. En Sudamérica aún no está muy difundido, pero pronto lo estará. De eso estoy convencido. El futuro para mí será digital, teniendo como base el libro impreso: una simbiosis muy productiva.

***

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El libro en formato digital y, con él, la posibilidad de la autopublicación, han significado una magnífica oportunidad para que autores, hasta entonces desconocidos, puedan mostrarse. Pero también ha incentivado la sobreoferta de productos. Ser un autor reconocido, tanto en el formato impreso convencional como en el digital, no es una tarea sencilla. Requiere de mucho esfuerzo abrirse campo entre libros de colorear para adultos, textos de autoayuda ─en todos sus colores y tamaños─ y las miles de novelas para adolescentes; esto, sin tomar en cuenta el viraje de la población hacia el terreno audiovisual.

La ecuación sigue siendo la misma: por un lado toda editorial o autor quiere que sus libros sean leídos por la mayor cantidad de personas posible y, por el otro, hay miles de lectores deseando encontrar un material de lectura que satisfaga sus gustos e intereses. Lo que hay que entender es que las maneras de lograr que estos dos elementos hagan match ha cambiado de manera definitiva. Ya no basta la tradicional presentación en ferias, nota de prensa o la reseña en el periódico. Hay que formar una comunidad y entrar a competir en el mercado editorial con un producto bien hecho y generar una estrategia publicitaria acorde a él ─vender un libro, en cuanto a campaña de marketing se refiere, no debería diferir mucho a vender una CocaCola─. Ser un autor autopublicado no es sinónimo de «hacerlo todo por tu cuenta»; es más bien buscar una alternativa al establishment, al modelo editorial tradicional. Quizá sea más preciso utilizar el término “independiente”, en sentido homólogo que lo utilizan músicos y cineastas que realizan sus trabajos fuera de las grandes productoras.

La información a través de la web viaja a una velocidad de descarga promedio de 7.26 Mbps. en la región de Sudamérica. Los escasos minutos que toma googlear y bajar un archivo con el libro de nuestra preferencia, en comparación al tiempo empleado en mover nuestra humanidad y desplazarnos hasta la librería, es ridícula. Sé que en la dinámica entre comprador y consumidor entran otros factores además del tiempo, como por ejemplo la compra por impulso, pero el anterior es reflejo de cuánto ha cambiado el mundo con la llegada del internet y esto es algo que editoriales y autores (de publicaciones impresas o digitales), deberían tomar en cuenta de cara al panorama futuro.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Reblogueó esto en Escritura y músicay comentado:
    Comparto con ustedes una generosa entrevista sobre el libro digital y la autopublicación. Gracias a la Escuela de Edición de Lima.

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  2. Gracias a la Escuela de Edición de Lima y a André por este articulo y este bonita entrevista sobre las nuevas formas y oportunidades en el difícil pero gratificante mundo de la literatura y la publicación.

    Le gusta a 2 personas

  3. Los libros no han muerto, pero cada vez se imprimen menos libros. Particularmente veo que las editoriales peruanas no están asumiendo a cabalidad el tema digital: están desvinculándose las editoriales de las librerías y estamos dejando que las regalías se repartan entre las grandes tiendas. Ahora bien, cuando se dice que el ebook no logró acabar con el impreso, se refieren a la industria: en el mundo online son más los que leen en digital.

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