El youtuber literario: Entrevista a Enrique Páez

Por Claudia Cáceres

Graduada del Curso Integral en Edición de Publicaciones

 

En setiembre de 1993, con 38 años, un hijo de 13 y cuatro novelas juveniles, Enrique Páez abrió su taller de escritura en Madrid. Al comienzo, impartía las lecciones en un salón de su casa a seis grupos de quince alumnos cada uno. Dos meses después, las ganancias le ayudaron a pagar el alquiler de su escuela, donde se estableció hasta 2008. A lo largo de esos años, Enrique formó nuevas generaciones de escritores, con quienes ha publicado antologías de relatos, siendo muchos de ellos actualmente profesores de narrativa y ganadores de premios.

Uno de sus pupilos, Carlos Molinero, fue egresado de su primera promoción. En ese tiempo, el joven cursaba el cuarto año de la carrera de Matemática. Enrique recibió una carta suya donde contaba su historia y pedía una beca, pues sus padres no lo apoyaban en sus intereses literarios. Acompañaba la misiva un cuento suyo, algo imperfecto pero de fuerza descomunal. Enrique decidió concederle ese beneficio y, así, Carlos asistió dos años al taller. Terminó su carrera y empezó a estudiar guion en la Escuela de Cine de Madrid. Hoy es un reconocido guionista y director de cine en España. Ha rodado dos largometrajes y obtenido el premio Goya por el guion de la película Salvajes.

Luego de 15 años, este licenciado en Literatura Hispánica y ganador del premio Lazarillo de Creación Literaria en 1991 por Devuélveme el anillo, pelo cepillo, dejó la posta de su taller a sus exalumnos, quienes formaron la Escuela de Escritores. Así, Enrique se instaló en Tenerife, Islas Canarias, junto a su compañera, Beatriz Montero, para dedicarse a escribir y viajar hacia donde lo requirieran como profesor de narrativa. Fundó la Red Internacional de Cuentacuentos, que ahora está en 57 países. Hace casi cuatro años, rendido ante el éxito de las redes sociales como difusoras de entretenimiento y cultura, decidió crear su propio canal en YouTube, donde ahora comparte generosamente sus conocimientos en creatividad literaria.

Para usted, ¿el escritor nace o se hace?

Creo que más bien se hace. Todos nacemos analfabetos, así que necesariamente hay que construirlo. Hay que ir aprendiendo y es un oficio que algunos lo hacen mejor, otros peor. En definitiva, el que no lo practica, el que no trabaja en él y se va entrenando y mejorando, nunca va ser un buen escritor. Exactamente lo mismo diría de un carpintero, de un pintor o un jugador de tenis: las cosas hay que trabajarlas, hay que irlas haciendo.

¿Una persona sin talento para la escritura, pero con mucho empeño, puede convertirse en un buen escritor?

Sí, porque no creo en las personas sin talento. No existen. Cualquier persona con una inteligencia normal, en un 99% de los casos, simplemente que vive su vida y es capaz de relacionarse con los demás, de mirar al mundo, puede y debe tener una voz personal que la puede desarrollar. En eso consiste la escritura. No creo en los que están dotados por una varita mágica y que de pronto nacieron escritores.

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¿Qué cualidades distinguen a un buen escritor?

Capacidad de observación, ser honesto consigo mismo, es decir, no mentir acerca de lo que piensa o siente. Convendría que sea hasta cierto punto irrespetuoso o políticamente incorrecto. Necesita arriesgar, ir más allá de lo que dictan las normas. Las normas son para someternos y un escritor debe utilizar la escritura no para someternos sino para liberarnos. Por tanto, debe ir un poco más allá de las leyes, de lo que es correcto y, por supuesto, debe practicar. Y practicar significa dos elementos fundamentales: leer mucho —no creo que a ningún escritor no le guste leer, es imposible, es como hablar de un gran deportista al que no le guste hacer deporte, un contrasentido— y, en segundo lugar, escribir mucho.

Ahora los escritores se han vuelto personajes más públicos, usan mucho las redes sociales, antes eran más ocultos. ¿Cree que esa postura es conveniente para ellos?

Sí, antes eran más ocultos, también los cantantes y los pintores. Los escritores que utilizan las redes sociales son quienes viven en las condiciones de estos tiempos. Los que evitan las redes sociales son como los que antiguamente se escondían del contacto con la gente. Pero lo normal, desde mi punto de vista, es que un escritor funcione a esos niveles, exactamente igual que el resto de las personas, es decir, que se relacione personalmente con algunos y con los que no puede, de manera virtual. Tiene mucho sentido y además eso facilita el contacto con los lectores.

Su taller de escritura, ¿ya no lo realiza de manera física?

Sí lo realizo de manera física, pero no de forma continuada en un mismo sitio. Durante 15 años, he estado en Madrid haciendo los cursos intensivos. Yo veía a los alumnos todas las semanas en una sesión de dos horas de duración. Pero desde hace 10 años que no resido en Madrid, por eso hago talleres de escritura intensivos, de dos a cinco días en distintos lugares del mundo. He trabajado en Singapur, Malasia, México, Argentina, Brasil, República Dominicana, Holanda y Alemania. Lo único que puedo hacer en esos casos es dar un curso superintensivo y desearles buena suerte.

¿Por qué cerró el taller de escritura Enrique Páez?

Porque me fui a vivir fuera de Madrid. Para cuando lo cerré, el taller había crecido mucho. Ya trabajaba con diez profesores, y han seguido creciendo, trabajando juntos y ahora forman la Escuela de Escritores. Cuando voy a Madrid, doy cursos intensivos para los alumnos de la escuela, del máster, y también para los profesores porque más de la mitad de ellos (que son más de 50) han sido alumnos míos.

¿Qué lo llevó a crear su canal de YouTube Enrique Páez?

Había mucha gente que me pedía consejos y pequeñas clases a través de Internet. Por eso, empecé a generar algunas lecciones breves que las he ido colgando en mi página de creatividad literaria. Luego, la Escuela de Escritores me ha pedido hacer videos para los alumnos en forma de micropíldora, y por eso, hice otros 36 videos que están en mi página de creatividad literaria de YouTube.

¿Qué ha sido lo más gratificante que ha vivido usted como profesor de creación literaria?

Ver como los alumnos aprendían y mejoraban e incluso en un momento dado se independizaban. Porque yo creo que la clave en un buen taller de escritura es enseñarles a escribir literariamente, dejar que sean ellos los que desarrollen su estilo, su forma de escribir, sus ideas, y que finalmente se independicen. Que empiecen a caminar por su cuenta.

Lo más gratificante es ver que muchos han seguido esa línea. Hay más de 200 que han publicado por su cuenta y muchos también se han convertido en profesores de escritura.

¿Qué escritores han influenciado en su narrativa?

Muchísimos, desde los primeros que leí que eran clásicos, porque en mi casa no había muchos libros de lectura infantiles, así que tuve que leer libros para adultos: Tolstoi, Dostoievski, Balzac, Flaubert, autores que no recomendaría para niños o adolescentes. Pero es lo que tenía a la mano, lo que me tocó leer. Posteriormente, ya pude escoger entre grandes bibliotecas y me empezaron a fascinar muchos de los autores españoles y latinoamericanos: Julio Cortázar, Vargas Llosa; en España, Eduardo Mendoza y Manuel Vásquez Montalván. Y muchos poetas también, los primeros fueron García Lorca, León Felipe, Pablo Neruda y Jaime Sabines.

escribir

¿Qué podremos encontrar en su libro Escribir. Manual de técnicas narrativas?

Consejos de cómo escribir, corregir, despertar la imaginación y empezar a tratar distintos géneros literarios. No presento una descripción de los géneros como se haría en cualquier libro de texto, sino qué hay que hacer para escribir un relato de misterio, para que los personajes o los diálogos funcionen, o para que el espacio y el tiempo esté ajustado a lo que estamos contando, o el tono narrativo. Es un resumen de lo que he enseñado y aprendido mientras dictaba escritura creativa.

¿Usted cree que exista una fórmula mágica para ser escritor?

No existen fórmulas mágicas. Escribir ya es mágico y la fórmula mágica, en todo caso, sería sentarse a escribir y que eso vaya funcionando. La única manera en que se puede escribir es hacerlo porque te gusta tanto que no puedes abandonarlo. A veces a mis alumnos les digo que si ellos pueden dejar de escribir, dejen de hacerlo, que no es necesario. Hay suficientes autores, pero siempre hay algunos que, hagan lo que hagan, siempre querrán seguir escribiendo y ellos serán los que se convertirán en autores, no sé si en grandes autores, las ventas van por otro lado, es una cuestión comercial, pero sí van a convertirse en escritores auténticos.

¿Qué consejo le daría a una persona que recién está escribiendo su primer libro?

En primer lugar, que lo termine. Una de las cosas más difíciles no es publicar libros, sino escribirlos. Más del 90% se queda en el camino. No termina nunca. Se queda en algo que quería ser y nunca terminó. Ese es el gran problema de los que se dedican a escribir, incluso autores conocidos y reconocidos también lo tienen: el bloqueo de la escritura. Así que lo único que les diría es que sigan escribiendo y que cuando tengan dudas, sigan escribiendo. Cuando lo estén haciendo y piensen que lo están haciendo muy mal, sigan escribiendo. Y cuando terminen el primer libro, pues que vayan a escribir el segundo. Porque si alguno ha escrito un libro y después de hacerlo se ha quedado a gusto, pues que lo abandone, entonces. No va ser nunca un escritor. Un escritor eternamente está insatisfecho, querrá otro libro más, querrá seguir escribiendo. Nunca se cierra el ciclo, no se termina, no se jubila, jamás está suficientemente satisfecho con lo que ha escrito, siempre quiere más. Es una especie de drogadicción, un virus del que no se puede separar.

A veces uno le cuenta a alguien sobre el argumento de su obra y recibe un comentario desalentador. ¿Es bueno fiarse de la opinión de terceros o trabajar sobre la base de lo que uno cree?

El escritor tiene que creer en sí mismo y tiene que dudar de todo lo que le digan, dudar de los que le dicen que eso no vale la pena, que no tiene futuro, que no va llegar a ninguna parte, que jamás se va convertir en escritor. A esas personas tiene que dejar de escucharlas. Pero también tiene que dejar de escuchar a quienes le dicen que es un genio, una maravilla, que lo que está haciendo es lo mejor que se ha escrito en la historia de la literatura, porque eso también es mentira. Entonces, no es fácil sujetarse entre unas mentiras aduladoras y otras que son despreciativas, hay que sostenerse consigo mismo. Y el escritor que no se aguanta a sí mismo tampoco va llegar muy lejos.

Cuéntenos acerca de su trabajo en la Red Internacional de Cuentacuentos.

Esta red la fundamos mi mujer, Beatriz Montero, y yo hace 6 años, y ha crecido mucho. Está en 57 países y une a más de 1 300 narradores de todos los continentes. A través de este proyecto hemos logrado que muchos cuentacuentos se conecten entre sí. Por ejemplo, en Storyteller for Peace (Cuentacuentos por la Paz) hay 30 narradores de distintos países, lenguas, religiones y razas que hicieron un mismo video con mensajes por la paz u otras formas de unificación.

¿Qué proyectos tiene para este 2016?

Unos cuantos. Justo empezando este año llegué de Estados Unidos luego de un viaje de tres meses recorriendo todo el país. También fui a Teherán (Irán), donde me invitaron a un festival de cuentacuentos. Después estuve en México un mes entero trabajando en Guanajuato, Puebla y San Luis Potosí. En octubre volveré a San Luis Potosí para la Feria del Libro Infantil y Juvenil. En los intermedios, estaré trabajando mucho, sobre todo en los videos de Beatriz Montero. Ella tiene un canal de cuentacuentos para niños, que es el más visto del mundo. Ahora tiene más de 25 millones de visitas, 400 videos, y eso lo hacemos en un estudio que tenemos aquí en Tenerife.

 

 

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