Frieda Holler: Más allá de la etiqueta y el buen gusto

Ese dedo meñique es uno de los títulos que más ejemplares ha vendido en la historia del país. «Mil y un formas de actuar con buen gusto sin caer en la ridiculez», reza el subtítulo de este longseller peruano, y es que a veces se cruza una línea hacia la huachafada en nombre de la etiqueta. Ricardo Meinhold tuvo la oportunidad de entrevistar a Frieda Holler con motivo del reciente lanzamiento de una edición más de este clásico.

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Mi cita es a las 4:30 p.m. y no debo llegar tarde. El tránsito no juega a mi favor; por fortuna, el taxista usa Waze. Llego a tiempo a su instituto. Liz, su asistente, me recibe con una sonrisa. Frieda está conversando y me pide que la espere unos minutos en la salita del costado. No espero mucho. Me ofrece un té, el cual acepto. Conversamos un momento antes de comenzar la entrevista.

¿Alguna vez imaginó el éxito que tendría su primer libro Ese dedo meñique?

Nunca me lo imaginé. Cuando decidí escribir Ese dedo meñique, hace ya once años, de alguna manera fue por una inquietud de la gente que me escuchaba en las conferencias. Las mujeres en esa época me decían: «Señora, usted se va y ¿qué nos queda?» Yo siempre les decía: «Pero se quedan las separatas, se queda lo que les he dictado». Y ellas: «¿Por qué no escribe un libro?» Yo me reía porque no había estudiado ciencias de la comunicación, ni periodismo, ni nada similar. Entonces decía: «Dios mío, la gente me va a matar con las críticas».

 

UNA PROPUESTA INESPERADA

Pocos conocen que fue Enrique Escardó quien le dio la oportunidad de escribir una columna en la revista Gente, que él dirigía. No era escritora, pero sí una gran lectora.

Sí, soy lectora. Leo todos los días de mi vida desde que aprendí a leer con Las travesuras de Naricita, que mi papá me regaló. Entonces dije: «Voy a escribir. Y le puse “Garabatos de mujer” a mi columna, de tal manera que, si la prensa me atacaba, yo diría que solo eran garabatos».

Cuando decidí escribir Ese dedo meñique me acuerdo que el machote se lo envié al doctor Marco Aurelio Denegri. Él me lo corrigió amablemente, pero me dijo que no lo publicara porque en este país nadie quiere cultura, ni educación: no venden.

 

ESE DEDO MEÑIQUE DESTRONÓ A CARREÑO

Muchos amigos trataron de disuadirla, sugiriendo que era mejor publicar una autobiografía que un libro sobre etiqueta. Pero ella, siguiendo su intuición continuó en la búsqueda de una editorial.

Un amigo me dijo: «Te veo luchando por este proyecto. Te voy a presentar a una persona que tiene una editorial, pero de libros de Derecho». Creo que era mi última posibilidad. Dije: «Ya, veremos qué pasa». Le encantó lo que leyó. Aceptó porque creyó en el proyecto. Y luego del primer año no se podía con la demanda, era imposible. «Tienes la libertad de ir a otro lugar, a otra editorial», me sugirió.

Cuando el diario El Comercio publicó en primera plana «Ese dedo meñique destronó a Carreño», eso sí que fue para mí la cereza del pastel.

¿Qué problemas tuvo para llevar a cabo el proyecto?

Han pasado tantos años… lo único que recuerdo es que cuando el libro era ofrecido a las editoras, todas lo rechazaban. No importaba quién estuviera detrás del libro. Creo que ni siquiera se tomaban el tiempo para leerlo. Hablar de etiqueta era imposible de imaginar.

Frieda Holler

MISS PERÚ 1965

A los 19 años se convirtió en Miss Perú. Ese año participó en Miss Universo, quedando dentro de las quince finalistas. Tuvo dos hijos. Más tarde fundó su instituto de modelaje y protocolo.

¿Sus publicaciones la han ayudado en su imagen y en la del instituto?

Creo que sí porque es un plus. Ha salido competencia. Y sí me ayudan mucho en las conferencias. Me siento muy agradecida con Dios, con mis angelitos maravillosos, porque la gente es muy cariñosa con deseos impresionantes de aprender.

¿Cuáles son los límites entre los buenos modales y la huachafería?

Según Vargas Llosa somos un país de huachafos. La etiqueta no es una obligación, no es un protocolo donde existen normas y leyes que no se alteran ni se cambian. La etiqueta es elástica. Carreño decía que levantar ese dedo meñique era chic, era de gente elegante, educada y que sabía de modales. Hoy levantar el dedo meñique es lo más huachafo que puede haber, y todavía hay gente que lo hace. Entonces poner un límite es casi imposible. Pero de que somos huachafos, sí somos huachafos. No solamente es en la manera de comportarnos, muchas veces también en la manera de vestirnos y arreglarnos. Acá uno pone un título en inglés para dictar una conferencia y se llena; la misma se traduce en castellano y va menos gente. Eso es huachafería.

En el caso de los buenos modales, para evitar caer en la huachafería, ¿cuál es su sugerencia, hay un tema de sentido común?

Mi abuela sabiamente me decía: «Nunca seas ovejita de todo corral, sé la directora del rebaño». Hay que manifestar personalidad, seguridad, autoestima.

¿Cómo ha sido su relación con sus editores?

Siempre han sido muy respetuosos, un equipo interesante de gente que ha comprendido el contexto. A mí no me gusta escribir con palabras rebuscadas ni técnicas porque no me entiende nadie. Creo que siempre he tenido suerte, ha habido mucho respeto, muchos deseos de cooperar, de hacer las cosas bien.

Hace mucho tiempo, con Ese dedo meñique en el trabajo, un corrector de estilo consideró que tenía que haber palabras más técnicas, más rebuscadas. Me cambió tanto el libro que me eché a llorar. No lo sentía mío. Tuve que ir al editor a decirle que no podía sacar ese libro. Regresaron al anterior.

Noté, en una entrevista, que existía una buena relación con el doctor Marco Aurelio Denegri, que es una persona que genera temor en algunos porque es implacable.

Erudito, sabe todo. Me revisó y me cambió algunos términos, por ejemplo yo había puesto vereda. «No, no, saque vereda ponga acera, porque acera es la terminología en Latinoamérica», cosas así. Lo estimo y respeto muchísimo.

El doctor Denegri ya me había hecho entrevistas. Por el concurso sabía un poco mi vida; luego nos hicimos amigos. Inclusive  presentó Ese dedo meñique. Algunas veces me dice: «Cómo me equivoqué». Y le digo: «Sí, doctor, se equivocó».

 

Y NOS VAMOS…

El tiempo pasa sin darnos cuenta. Tomo un sorbo rápido de té y le hago las preguntas finales.

¿En el Perú se puede vivir de los derechos de autor?

No, para nada. Uno tendría que ser un Paulo Coelho, Vargas Llosa o Alfredo Bryce. Tal vez en el extranjero, pero acá en el país es irrisorio.

¿Cómo se lleva con su actual editor?

Maravilloso. Es un hombre que sabe lo que está haciendo, que ama los libros, es muy buen profesional, serio. Yo le tengo aprecio y respeto.

 

PARA CULMINAR

La conversación continúa, ahora lejos de las grabadoras, pero mi taza vacía me indica que ya debo partir. Le agradezco por su tiempo, nos levantamos y me acompaña hasta la puerta. Noto que están haciendo mantenimiento y ella se disculpa por el molesto ruido.

Frieda es una persona elegante, sencilla y entrañable. Ya en la puerta le agradezco nuevamente; ella sonríe.

 

Ricardo Meinhold

Exalumno del Curso Integral en Edición de Publicaciones

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Margot Torres Santos dice:

    Muy bien Ricardo Meihold, desde tu publicación en SOHO te sigo. Muy buena entrevista. Sigue adelante. Excelente .

    Me gusta

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