Me pasa con Marcela

Escribe: Cristina García Calderón Orbe

Suele haber niños problema en los colegios. Notas bajas, conducta para observar, tareas sin hacer, caritas tristes. Te cuentan que son hijos de padres divorciados, tú dices: con razón. Suele haber niños felices y seguros en los colegios. Notas altas, integración, responsabilidad para las tareas. Te cuentan que son hijos de padres divorciados, tú piensas: ¿cómo hacen?

Me pasa con Marcela.

Notas altas, integración, responsabilidad para las tareas. ¿Cómo hacemos? No hacemos mucho, lo hace ella.

Hace unos 40 años, era yo quien lo hacía. Lo cuenta mi hermana Gaby en su blog, “como cuando retrocedes en el tiempo y ves esa carpeta amarilla y ves sentada en ella a una pequeñita sembrando las semillas de los veintes que después cosechaba por montones”. Soy la pequeñita de la carpeta amarilla. Pasé a primer grado de primaria dos meses después de la muerte de mi papá, y hasta la universidad seguí cosechando esos veintes que Gaby recuerda. Ernesto y Gabriela: mis hermanos son unos genios. ¿Cómo hace? me imagino que preguntaba todo el mundo sobre mi mamá, que un día se convirtió en dos. Ella diría: no hice mucho, lo hacían ustedes.

Se puede evitar un divorcio, no lo igualemos a la viudez; pero a veces todos los caminos conducen al divorcio. Y duele, nadie gana, todos pierden. Duele el prejuicio. Ese hogar es disfuncional, esa familia no está completa, esos niños no pueden ser normales; quién se fija en el detalle de que los padres se siguen llevando bien, siguen trabajando en común. Habría sido mejor no enfrentar a Marcela al prejuicio, claro, tanto como evitarle la pena de preguntarse por qué sus papás tuvieron que divorciarse, así como yo a su edad me preguntaba por qué mi papá, y no el de otros niños, fue el que tuvo que morir. Marcela perdió. Pero sé que ganó. “La amistad antes que nada” escribió a los siete años en una foto donde estamos sus papás, sonrientes, el día de nuestro matrimonio. Imágenes que se me vienen a la mente: Marcela niña comprendiendo lo que ningún niño debería tener que comprender, Marcela mujer aceptando el cambio, tolerando lo diferente. Matando el prejuicio, siendo la excepción, haciéndolo ella.

Mira bien. La ejecutiva no necesariamente está en ese puestazo por ser joven y bella, la chica de top y faldita no tiene por qué ser fácil; ni claro que es vago el extraño de pelo largo, ni obvio que es promiscuo el homosexual, ni por supuesto que son raros todos los que no son “como deben ser”. Mira bien a esos padres divorciados. Y quítales el apellido: llámalos padres, ellos también son padres.

 

* Profesora de Redacción en el Curso Integral en Edición de Publicaciones (Módulo I)

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Beatriz dice:

    Kitty es muy cierto lo que dices! 100% de acuerdo. Quisiera agregar que la lectura contribuye enormemente a relativisar las cosas y tener una vision m’as amplia del mundo y de la vida. Y es una tabla de salvacion en los momentos mas dificil es. Gracias por haber sembrado en mi el gustado por la lectura!!!! Tû, Gaby y Tito leyeron desde que nacieron, y segurô que Marcela tambien. 🙂

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