La señora que nunca olvida

Siento su presencia a mi lado, volteo, me mira brevemente con una sonrisa triste y dulce. Luego, vuelve nuevamente su atención a la foto de mi semanario. «Mamá Angélica está viejita», susurra. Asiento con un leve movimiento de cabeza, la escucho por última vez: «Realmente es muy fuerte». Después se aleja como llegó: silenciosa, caminando de forma pausada hasta detenerse en la puerta de la combi para seguir con su trabajo.

La foto de Mamá Angélica apareció hace dos semanas en la columna de opinión del abogado Ronald Gamarra en Hildebrandt en sus Trece. El autor manifestaba su desconcierto por la mala atención que recibió por parte de Essalud, siendo ella una de las mujeres que más luchó para que se reconocieran los derechos de las familias que perdieron a sus seres queridos durante la época del terrorismo.

portada

 

La vida de Angélica Mendoza giró 180 grados sin que pudiera evitarlo. El 2 de julio de 1983 fue separada de su sexto hijo entre insultos y golpes por un grupo de militares, quienes, sin mayores pruebas ni explicaciones, lo subieron a una camioneta. Nunca más volvió.

«Desde ese día yo caminé sin rumbo, día y noche para que me devolvieran a mi hijo», cuenta mientras el traductor sirve de apoyo durante las audiencias públicas que realizó la CVR hace 14 años.

Nunca dejó de caminar ni gritar el nombre de su hijo. Durante esos años se hizo más fuerte, no solo para intentar calmar su dolor, sino también para consolar a otras madres, hermanas, esposas e hijas que buscaban los cuerpos de sus familiares en algún barranco o riachuelo de Ayacucho. Lo que descubrieron fue terrible: cientos de cadáveres mutilados, pero ninguno pertenecía a Arquímedes. En su trayecto también se encontraron con la indiferencia del Estado, y con ella más de 300 huérfanos a causa de una guerra sin sentido.

Un enfrentamiento que dejó cerca de 70 mil muertos y más de 7 mil desaparecidos. Pero hay peruanos que prefieren olvidar el sufrimiento causado, quizá por la desidia de creer que nunca serían afectados.

Mamá Angélica, una madre más: alguien que siempre espera y nunca olvida. Debemos recordar que en el Perú, si no se actúa con justicia, acabamos aceptando con normalidad que la indiferencia mata, esclaviza y causa amnesia.

 

Cinthya Carbonell

Alumna del Curso Integral de Edición de Publicaciones

(Promoción III)

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