El Gran Señor Lanzón

Los cerros, los grandes dioses tutelares del mundo andino, cumplen una importante función social desde antes de la llegada de los españoles. El poblador andino les da vida, les brinda ofrendas, siente en su vida cotidiana la influencia y el estado de ánimo de cada uno de sus cerros o apus y determina sus decisiones a raíz de los designios de sus dioses.

El monumento arqueológico de Chavín de Huántar se encuentra situado en la región de Conchucos en el departamento de Áncash, provincia de Huari, entre los ríos Mosna  y Huacheqsa y  los cerros Poqoq, Awaqhuanca y el nevado Huantsán. El Lanzón es una piedra sagrada, que representa a un ser mitológico: mitad hombre, mitad ave de rapiña con rasgos felinos. Está ubicado en el centro del templo antiguo y constituyó la principal divinidad de los chavín —lugar de peregrinación y principal oráculo hacia los años 1100-900 a. C.

 

 

chavin de huántar

 

* * *

 

En la mañana del 16 de enero de 1945, un campesino del caserío de Gaucho, apodado Juitush despertó sobresaltado por unos potentes sonidos de origen inexplicable. Juitush vivía frente al monumento arqueológico cruzando el río. Desde joven fue muy sensible a eventos sobrenaturales: se había cruzado con fantasmas y duendes. Ese día  sería testigo presencial de un hecho que involucró a todo el pueblo de Chavín de Huántar.

El humilde campesino salió soñoliento de su casa buscando el origen de semejante escándalo. Luego de un rato comenzó a entender, no era un simple sonido, sino que era una voz potente y seca que decía:

—¡Al Gran Señor se lo van a llevar!, ¡al Gran Señor se lo van a llevar!

La voz provenía del cerro Poqoq —ubicado al frente de su casa, detrás del cerro Sallapa—. Se asustó.  Se dio cuenta de que ese sonido no era humano.  Caminó unos pasos hacia la pequeña calle, quedó aturdido por lo que había escuchado. ¡No, no podía ser cierto! Pasado unos minutos y él, aún en ese estado de estupor, escuchó otra voz un poco más fuerte que la anterior, pero que venía del cerro Awaqhuanca, ubicado detrás de su casa que  decía:

nevado huantsán

—¡Al Gran Señor se lo van a llevar! ¡Señor Huantsán, escuche, al Gran Señor se lo van a  llevar!

Juitush entendió. ¡Los cerros estaban hablando! Se desesperó. Salió corriendo y gritando por las calles.

—¡Los cerros están hablando!, ¿escuchan, tiositos*? ¡Los cerros están conversando! ¡Dicen que al Gran Señor se lo van a llevar!

Los vecinos salieron de sus casas y lo rodearon asombrados, pensaban que el pobre Juitush había enloquecido, que quizás un alma en pena lo había encantado o visto un entierro de esos que andan bajo el suelo buscando una víctima.

—¿Escuchaste algo? —decía un vecino.

—No, nada  —respondía otro.

—Cálmate, Juitush. Ve a tu casa y descansa, nadie está hablando, tranquilo nomás, vuelve.

Cuando convencieron a Juitush de que no pasaba nada, se escuchó un estruendo. Los vecinos también lo escucharon y pensaron que era una fuerte lluvia pero era el  sonido de  los truenos de la misma.

Pero Juitush escuchó una voz aun más potente que las anteriores, que venía desde el nevado Huantsán. Esta voz dijo:

—¡No! ¡Mañana al medio día voy a llegar! ¡No se lo llevarán!

La conversación de los cerros, rápidamente, se divulgo por el  pequeño pueblo. Esa misma tarde, todo Chavín comentaba lo sucedido.

Un pastor, que vivía por los alrededores, regresó con sus animales después del mediodía. Era extraño; normalmente regresaba a las cinco de la tarde. Corrió a su casa y metió en costalillos todas sus pertenecías valiosas, alistó a sus animales, tomó a su esposa e hijos y salió corriendo sin saber lo que se rumoreaba en el pueblo. Mientras se alejaba despavorido de Chavín, rumbo al pueblo de San Marcos, un vecino se le acercó para contarle lo sucedido en el caserío de Gaucho. Al ver su cara de preocupación y su extraño apuro, le preguntó cuál era el motivo de su estado.

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—Debo alejarme de Chavín lo más rápido posible. Mientras llevaba a mis animalitos para que comieran, allá por el pueblo de Chichucancha, me encontré con una mujer muy hermosa, esta  se acercó a mí y me dijo: “Buen pastor, mi nombre es Mama Rayhuana y he venido a pedirte que te alejes de Chavín pronto. El señor Huantsán está molesto, unos hombres extraños venidos de pueblos lejanos quieren llevarse al Gran Señor Lanzón lejos, muy lejos de acá, cruzando el mar y nadie hace nada por impedirlo. Si se lo llevan, grandes calamidades nos esperan. Por eso él vendrá mañana al mediodía para impedirlo. Tú eres un buen hombre y cuando el Gran Huantsán venga, pasará por tu chacra y no quiere hacerte daño. Tú siempre has sido respetuoso con él, tus padres y abuelos también, le has dejado sus hojitas de coca y su chicha siempre, por eso él me manda a avisarte. Ve y llévate a tu familia. Vuelve cuando todo haya pasado”.

»Me asusté al principio, al escuchar que era Mama Rayhuana: la gran diosa. No sabía ni qué decirle. Caí arrodillado. “Gracias, mamita; gracias, mamachita, gran diosa. Gracias, Huantsán, papá lindo”. Luego de conversarme, ella se dio media vuelta, caminó unos pasos y desapareció. Agradecido les dejé las poquitas hojas de coca que llevaba y regresé corriendo.  Ahora me dirijo al pueblo de Huarimayo, ahí mi mujer tiene familiares.

Diciendo esto el pastor siguió su camino.

Y así fue. Al día siguiente, el 17 de enero de 1945, al  mediodía se produjo un aluvión originado por el  desprendimiento de un bloque de hielo del nevado Huantsán, que cayó sobre la laguna Rúrec. El aluvión sepultó todo lo que hasta entonces habían escavado los arqueólogos y sepulto por completo la entrada de Templo Viejo, morada del Gran Lanzón. Se llevó además casi todas las cabezas clavas que rodeaban el monumento.

Después de ese terrible suceso, nunca más intentaron sacar al Gran Lanzón. Incluso hoy se le puede ver imponente, majestuoso, protegido por los demás apus, dueño y señor del callejón de Conchucos.

 

*Forma diminutiva de tío/tía, palabra usada para demostrar respeto.
Fuente oral: Geremías Álamo Amado y Daniel Alvarado Álamo.

 

Rosmery Alvarado

Alumna Integral de Edición de Publicaciones

(Promoción II)

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