Reinventando la vida con una cámara fotográfica

La fotografía no puede cambiar la realidad,

pero sí puede mostrarla.

Fred Mc Cullin

Actualmente, se puede encontrar una larga lista de exposiciones de pintura, pero el MALI nos ofrece —hasta el 14 de febrero—una necesaria muestra fotográfica, que rescata el trabajo de Martín Chambi, personaje icónico para el arte nacional.

 

Un hombre gigante con un chullo en la cabeza y un poncho que envuelve sus hombros y cae sobre su espalda me mira con tristeza y resignación directamente a los ojos. Sigo caminando, ahora la mirada pícara de un pequeño ladronzuelo sujetado de la oreja por un policía llama mi atención. Más adelante veo una calle larga y estrecha de paredes construidas con piedras rectangulares perfectamente alineadas. Basta ver su longitud para sentirme cansado. Hay una banca cerca y tomo asiento. Hace calor. El encargado también se da cuenta, hace un gesto cómplice a su compañero y, como por arte de magia, una fresca brisa nos rodea.

Las fotografías en blanco y negro cubren las paredes azules de los dos amplios salones, su color contrasta fuertemente con el piso de parqué recién lustrado. En la maleta tengo un viejo folleto con algunas de ellas. Su autor se llama Martín Chambi, fotógrafo, pionero del retrato, intelectual indigenista y uno de los más grandes artistas visuales peruanos del siglo XX. Me encuentro en una retrospectiva que el Museo de Arte de Lima le dedica, en estos meses, a la totalidad de su obra, incluyendo fotografías nunca antes exhibidas.

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He llegado después de almorzar. No hay mucha gente aún, así que puedo detenerme con calma en cada fotografía. Están distribuidas por temas, desde los retratos de estudio que hizo como trabajo alimenticio, hasta los etnográficos donde documentó diversos aspectos de la vida y costumbres de los pueblos del sur andino; desde su relación con artistas, políticos y escritores de izquierda que dieron forma al movimiento indigenista sureño, hasta su trabajo como corresponsal gráfico en importantes revistas y periódicos de la época como Variedades y La Crónica.

 

* * *

Chambi nació en 1891 en Coasa, un pequeño poblado de la provincia de Carabaya, en Puno. Siendo niño, conoció a un fotógrafo. Este episodio lo marcó. Para 1908 ya trabajaba en un importante estudio de Arequipa como asistente. En 1917 establece su propio estudio, primero en Sicuani y luego en el Cusco, donde realizaría la mayor parte de su obra; de esa época son sus retratos de la sociedad cusqueña. Allí moriría en 1973.

Lo que más impresiona en el trabajo de Chambi es su manejo de luz y sombra, y la profundidad psicológica que consigue. En su estudio, y fuera de él: una novia aristócrata posando en la escalera de su casa, un grupo de amigos jugando sapo o algún personaje político del momento.

En 1916 fue premiado en Arequipa; la fotografía gozaba del mismo prestigio que la pintura. También Cusco, Lima, Puno y varias ciudades de Chile fueron testigos de sus fotos, presentadas en gran formato y algunas trabajadas con colores como el rojo y el azul.

En la década de 1920 sumó la labor de corresponsal a su trabajo como retratista. Eso le permitió registrar monumentos y calles, así como sucesos importantes de la ciudad, desde la llegada de los primeros aeroplanos hasta obras de teatro o competencias deportivas.

Intelectual, desde mediados de los años veinte, ayuda a formar el movimiento indigenista en el sur andino. Ellos, a diferencia de sus antecesores, no solo se identificaban con los antiguos incas, sino principalmente con la cultura andina de su época.

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Gracias a una personalidad abierta, espíritu inquieto y observador, Martín Chambi logró convertirse en testigo de su tiempo. Las fotografías dedicadas a Machu Picchu en 1928, marcarían un hito en la representación del sitio arqueológico, lo mismo las dedicadas al primer Inti Raymi en 1944. Esto coincidió con un interés turístico cada vez mayor por el Cusco. En ambos casos, su visión de largo alcance y el rigor formal de las tomas le permitieron alcanzar una enorme difusión. Sus fotografías aparecían en guías de turismo y postales. Seis años después de su muerte, el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedicaría una retrospectiva. Suiza y España se sumarían a la difusión de la obra de Chambi.

En sus años finales siempre se enorgulleció de haber contribuido a que la imagen del Cusco y del sur andino en general se valore más.

 

* * *

Las horas han pasado muy rápido. El encargado me indica que van a cerrar en unos minutos, así que debo apurarme. Le pregunto si hay algún catálogo de la muestra. Me señala la pequeña librería que se está cruzando el pasadizo, en la que encuentro un bello libro que reúne importantes ensayos y más de cuatrocientas imágenes del gran fotógrafo.

Ya casi al final del recorrido se ve una galería de fotos dedicadas a las costumbres del pueblo cusqueño. Verdadera crónica de los hábitos, prácticas, usos, estilos, manías y tradiciones de los Andes del sur.

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Antes de salir, regreso a dos fotos que me han impresionado más: la de los niños jugando cartas y la del niño mendigo. Avanzo unos pasos y me detengo nuevamente en el pequeño pasillo que inicia el recorrido. Vuelvo a leer el texto que recoge la visión que Chambi tiene de su profesión y de su lugar en el mundo como fotógrafo:

«…se cree que los indios no tienen cultura… Que son barbaros… Yo nunca he creído en eso, porque conozco a mis hermanos de raza y a los otros. Pero, me parece que más elocuente que una opinión son los testimonios gráficos, y por eso he emprendido esta tarea… Sobre todo, he escudriñado con la lente de mi máquina fotográfica, todos los rincones de los palacios y fortalezas del Cusco. Aquí están Sacsahuaman, Ollantaytambo, Machu Picchu, Pisac, Colcampata, el valle de Urubamba, toda la región en que floreció el Imperio. Aquí están escenas de hoy. Aquí el mestizaje colonial. Me gustaría que los testigos imparciales y objetivos vieran este acervo…  Me siento como representante de la raza. Ella habla en mis fotografías. Helas aquí».

Es verdad. Y sin embargo no es solo por el valor documental y testimonial que sus fotografías siguen vigentes. Es porque lo expresan a él, a su visión particular de la vida, de la belleza o la fealdad que encuentra en ella, algo que solo un artista verdadero puede lograr y transmitir.

Quisiera quedarme más tiempo pero no puedo, las luces se apagan. Resignado me dispongo a salir. De pronto miro nuevamente la inmensa foto que, en la entrada, recibe a los visitantes y donde aparece un Chambi optimista mirando el horizonte. Un optimismo que ahora me acompaña.

Ricardo Meinhold

Alumno del Curso Integral de Edición de Publicaciones

(Promoción II)

 

 

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